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ECOLOGIA PROFUNDA
La especie humana ha sabido siempre
adaptarse a los problemas de supervivencia a los que se ha enfrentado
desde que habita la Tierra. De nuevo hoy, la actitud de la cultura
occidental amenaza la evolución natural del Planeta y la continuación
de muchas especies. Aunque culturalmente hemos perdido el estado
de gracia, como humanos podemos reintegrarlo; ahí empieza la ecología.
o
olvidemos que nuestras raíces se hunden en aquellos pueblos de la
Antigüedad que practicaban la guerra, el comercio y la esclavitud.
Y, por si fuera poco, seguimos despreciando los valores de otras
culturas humanas considerándolas inferiores y justificando nuestro
dominio por su bien. Este comportamiento está tan anclado en nosotros
que, sin darnos cuenta, perpetuamos ciertas creencias; por ejemplo
nos han hecho creer que el Paraíso Terrenal estaba situado en un
lugar concreto y tan perteneciente al pasado que se perdió en la
noche de los tiempos... Pero el Paraíso Terrenal no es otro sitio
que el Planeta en toda su extensión; y lo que para la cultura judeo-islámica-cristiana
se perdió, para otros grupos humanos con culturas ecológicas el
Paraíso es el pedazo de planeta en el que viven integrados, su biotopo,
con economías no abusivas y aceptando sus límitaciones.
Vivir integrados en la creación
Desde el punto de vista occidental,
la cultura de los aborígenes del Africa Austral, es quizás hoy en
día la más subversiva que existe. Este pueblo, que hasta hace sólo
200 años ocupaba un territorio tan grande como de Gibraltar a Siberia,
nunca practicó la guerra. Los bosquimanos no solo no inventaron
el fraticidio sino que la dinámica social que en los círculos New
Age se considera una esperanza evolutiva: decisiones por consenso
e igualdad entre los sexos, es la forma de vida de esta cultura
ancestral. ¿Quiénes son los más evolucionados? ¿Los que inventaron
la rueda y van a las estrellas o los que se quedaron en cueros y
no perdieron el arte de vivir integrados en la Creación?
La
cultura occidental piensa en términos de recursos naturales cuando
considera las riquezas naturales del Planeta. El agua y el aire,
elementos que se pensaban bienes imperecederos , empiezan a ser
recursos frágiles cuya carestía es bien difícil de remediar. Por
eso, cuando se analizan profundamente las consecuencias de la explotación
planetaria nos embarga la tristeza... es como un duelo hacia la
vida y hacia nosotros y los seres queridos. La sensación de impotencia
puede ser paralizante... ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo ser de nuevo
parte íntegra de la vida planetaria? ¿Cómo extraernos de una economía
inmoral y parásita? ¿Cómo impedir este genocidio planetario, este
suicidio colectivo?
¿Qué pasa hoy en el mundo civilizado y sus colonias
económicas? Una economía basada en el crecimiento continuo no puede
mantenerse indefinidamente, no es durable. Pero admitir esto es
tener que admitir que nuestro sistema es falso... y, claro, antes
acabar con minorías, empezar guerras, reprimir, suprimir pueblos
enteros... que admitir nuestro error. Mientras tanto la espiral
de causa-efecto sigue su movimiento inexorable y las consecuencias
de este error fundamental siguen produciendo catástrofes; Doñana
hoy, Chernobyl ayer... estamos en la hora de la suma.
Permacultura, pensamiento global
En los años 60, un joven universitario de Tasmania
llamado David Holmgren presentó como tesis de doctorado de estudios
mediambientales una especie de herramienta ecológica a la que denominó
Permacultura (Bill Mollison fue el profesor-consejero de tesis,
y como ocurre a veces en círculos universitarios pirateó el trabajo
del estudiante). David estableció un modelo sistemático para organizar,
planificar y diseñar, de una manera positiva y coherente con los
intereses de otras especies, todo espacio que se encuentre en zona
rural, urbana o industrial. El diseño ecológico en Permacultura
tiene en cuenta cuál es el problema para poder proponer soluciones
al parasitismo convencional. El pensamiento lineal y reduccionista
engendra injusticia y sufrimiento negando la dinámica del Efecto
Sinérgico que rige la vida. En el planeta todo está interconectado;
incluso la Física Moderna reconoce el Efecto Mariposa que sostiene
que hasta el movimiento de las alas de una mariposa puede afectar
en las antípodas a un acontecimiento local.
La
originalidad de la Permacultura es que al mismo tiempo que realiza
un diseño práctico en la materia, aprendemos a pensar globalmente,
a ver conexiones. Y cuando atravesamos el vértigo inicial de usar
nuestra mente en múltiples y simultáneas direcciones sentimos una
paz profunda, permitiendo al cerebro funcionar con sus hemisferios
complementarios, en armonía creativa, manifestándose aquí y ahora,
sin parasitismo... Para sentirnos bien con nosotros mismos tenemos
que sentir que también el planeta se siente bien, todo está en todo
y nosotros no somos excepción; aunque culturalmente hemos perdido
el estado de gracia, como humanos lo podemos reintegrar y ahí empieza
la ecología.
Remediar la sobreexplotación
Para hacer un diseño ecológico lo más fácil
es ser aprendiz durante un cursillo en el que se hace el trabajo
mientras se explica, también conviene leer lo que se pueda sobre
diseño ecológico y tratar de hacer ejercicios mentales relacionando
elementos que a primera vista puedan parecer disparatados: ¿qué
ventajas pueden existir uniendo un gallinero a un invernadero?...
Y en cuanto a qué tipo de agricultura podemos practicar en nuestro
huerto: la Biológica tradicional, la Biológica de la CEE, la Biodinámica,
la Natural de Fukuoka, la Sinérgica..., la Permacultura no ha tomado
posición ante ninguna, sólo propone que no se cultive con químicos.
Personalmente considero que tener que desestructurar
el suelo y mantenerlo fértil artificialmente cebándolo con abonos,
compost, etc. es un error que se lleva practicando desde los inicios
de la agricultura y ya es hora de remediar este fallo responsable
de tantísima erosión del planeta.
La Agricultura Sinérgica que yo practico
se ha desarrollado a partir del trabajo de Fukuoka -agricultor
japonés precursor de la Permacultura- y se trata de una agricultura
que permite al suelo mantenerse salvaje a pesar de estar cultivado,
pero con ciertas adaptaciones como puede ser el uso de máquinas.
Esta agricultura tiene su técnica y no se la puede definir como
del No Hacer, ya que mantiene una dinámica salvaje en un suelo cultivado
fértil y sano, lo que requiere mucho cálculo y organización en el
trabajo.
La Reforma Agronómica que supone el trabajo de Fukuoka
permitirá alimentar a la población humana en expansión cuando el
transporte, el petróleo y tantos elementos necesarios en las agriculturas
convencionales falten. Esta agricultura auto-fértil tardará en ser
adoptada, pero ahí está para acudir en ayuda de la gente y del planeta.
Emilia Hazelip, agricultora sinérgica
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a
Sinergia implica el funcionamiento dinámico y concertado
de varios órganos para realizar una función. Así como en nuestro
organismo todo el sistema y sus elementos funcionan interrelacionados
y con coherencia, esta sinergia tiene lugar entre la tierra y los
microorganismos que la habitan -enriqueciéndola-, o entre las legumbres
y las bacterias fijadoras del nitrógeno atmosférico o en la asociación
entre plantas que se benefician mutuamente. Este sistema de agricultura
natural, que hunde sus raíces en las enseñanzas de Fukuoka,
protege el ecosistema del suelo permitiendo a la tierra mantener
sus capas propias, sin agitarla ni revolverla, entendiendo que la
tierra tiene capacidad de autofertilizarse.
Trabajando sobre bancales, de 120 cm de ancho y
50 cm de altura, el suelo se cubre con acolchado, capa de restos
orgánicos que actúa como un filtro protector entre la superficie
de la tierra y los gases atmosféricos, la fuerza desecante del sol
y la compactante y erosiva de la lluvia y el viento. Cobertura que
también actúa como abono de superficie que va alimentando a la tierra
de arriba a abajo. Así se establece en el suelo un equilibrio perdurable
entre sus habitantes, sean lombrices labradoras de las profundidades,
lombrices rojas del mantillo o los billones de toda clase de seres
microscópicos vegetales o animales que viven y mueren en su seno.
En ningún momento se les traumatiza con cambios en su hábitat.
Imitar lo que hace la naturaleza implica dejar la
tierra siempre cubierta con un acolchado, sólo abierto en los espacios
o líneas de siembra. El acolchado se va transformando en mantillo,
en humus. Para que la tierra disponga de materia orgánica dentro
de sí, sin que haya necesidad de enterrarla, siempre se dejan descomponer
dentro las raíces, excepto las que se cosechan. Estos restos participan
en la flora intestinal de la tierra, y esta a su vez permite la
nutrición de las plantas. Cuando la fertilidad de la tierra no se
pierde a causa de la erosión, no hacen falta compensaciones constantes
en forma de cualquier clase de abono, como el estiércol, y la fertilidad
se mantiene por sí sola. Incumbe a las personas de espíritu pionero
empezar a practicar y ayudar a otros a realizar esta agricultura
del próximo milenio, utilizada ya en países con densidad de población
elevada y escasez de medios.
E.H
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