La "Pomada Milagrosa"

Naturista de 84 años de edad, Manuel Díaz López amplió junto a Don Honorato Mier, alias El Brujo, en Santander (ver artículo plantas medicinales nº 4 La Osa) sus conocimientos sobre Naturismo y conserva «como oro en paño» algunas de sus más preciadas recetas para curar todo tipo de enfermedades de forma natural. Desde Tarragona, nos envía para los lectores de La Osa la fórmula para elaborar su «pomada milagrosa» con plantas medicinales, eficaz para curar quemaduras de sol y fuego, grietas de labios y manos y de los pechos y vientre de las jóvenes madres, fístulas del ano, hongos, escoceduras, almorranas, sabañones, etc.

La «Pomada Milagrosa» se compone de lo siguiente:

  • Hojas frescas de Bardana «Lampazo Mayor” (Arctium. Lappa L.)
  • Cogollos tiernos de Ortigas «Ortiga Mayor» (Urtica Dioica L.)
  • Flores de Caléndula “Maravilla» (Caléndula Officinalis L.)
  • Segunda piel de Saúco (Sanbucus Nigra L.)
  • Llantén Menor “Llantén de los cinco nervios» (Plantago Lanceolata L.)
  • Cola de Caballo «Equiseto Menor» (Equisetum Arvense L.)
  • Abrótano Hembra (Santolina Chamaecyparissus L.)
  • Aceite puro de oliva y cera virgen de abejas en una proporción de 1 litro de aceite por 150 grs de cera.

En un recipiente de acero inoxidable o porcelana se vierten las plantas (yo las echo a ojo de buen cubero) abundantes, se les agrega el aceite y se pone al fuego. Cuando se vean ya fritas (sin quemarse) se le añade la cera desmenuzada. Cuando la cera se ha derretido se cogen unas gotas con una cuchara y se salpican sobre un mármol para comprobar la consistencia dura o blanda de la pomada. Yo en invierno empleo menos cera que en verano. Pon la mezcla en un bote de cristal, tápalo y espera a que se endurezca. Aplicar cuando sea necesario.

Manuel Díaz López, naturista.

CÓMO HACER UN INIPI o SAUNA INDIA de purificación

Los nativos americanos crearon el inipi o cabaña de sudación para celebrar ceremonias de purificación, previas a cualquier otro rito. Consideraban que había sido dada a los hombres para su purificación espiritual, física, mental y emocional, llevándoles a conectar con la conciencia de unidad y así renacer. Más cerca, en los Pirineos, también se utilizaba antiguamente esta cabaña de sudación con fines curativos y rituales.

Un inipi constará de una estructura en forma de iglú de poco peso pero segura, que mantenga el interior preservado de los agentes externos: lluvia, aire, etc.

Idealmente, tendríamos que utilizar varas de sauce blanco -rico en ácido acetil-salicílico- pero vamos a proponerte realizar el inipi con 8 varillas de hierro galvanizado de unos 6 mm de grosor y unos 5 ms de largo, unas mantas o jarapas, un plástico grueso para impermeabilizar y una cuerda.

Empezaremos clavando 2 varillas al norte, otras 2 al sur, 2 al este y 2 al oeste -donde estará la puerta de entrada- hasta completar el perímetro de la cabaña. En el centro del inipi cavaremos un hoyo para posteriormente introducir las piedras calientes. El resto del espacio será el lugar donde sentarse en el círculo.

Ahora colocamos las mantas sobre las varillas, cuidando cubrirlas todo lo posible. Entonces, sobrepondremos el plástico protector para evitar sorpresas meteorológicas, amarrándolo con la cuerda para que no se mueva.

Algunos consejos

Previamente encenderemos una hoguera (siempre con precaución) y pondremos a calentar unas piedras -si estamos cerca de un río buscaremos grandes cantos redondeados por el agua- que serán las que incandescentes introduciremos en el hoyo abierto en el inipi. Se requiere al menos 3 horas para para que el fuego caliente bien las piedras. Usaremos unas pinzas de hierro para transportarlas.

Una vez dentro, cerraremos la cabaña para que guarde el calor y al poco tiempo podremos pasar desnudos. Los indios realizaban un saludo a los cuatro puntos cardinales antes de entrar. Las piedras incandescentes estarán al descubierto dentro del recinto, desprendiendo calor en el interior del espacio. Si la humedad es baja, arrojaremos un poco de agua con unas hojas de menta o salvia sobre ellas para que desprendan aromático vapor curativo.

Se entra en la tienda para purificarse y renacer. Una vez concluida esta primera sesión -que puede durar media o una hora- saldremos y sin perder tiempo nos sumergiremos en el agua fresca del río; si esto no es posible podemos verternos un cubo de agua o tomar una ducha fría. A continuación volvemos a entrar y salir sucesivamente durante 4 ó 5 horas. Una buena idea sería la de velar toda la noche dentro de la cabaña y aprovechar la experiencia para soltar en ella los pensamientos que no nos gustan, que arderían en el fuego ayudándonos a nacer de nuevo.

Míguel Cobo


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