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Del
vegetal
al
papel expresivo
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Partiendo de fibras de plantas, cortezas de arbustos, pístilos,
juncos, moreras
y otros vegetales, José Ramón Alejandre y Gilda
Alamo consiguen elaborar papeles expresivos que dejan de ser
un mero soporte para adoptar su propia personalidad. Paisajes de
horizones marinos, figuras ocultas a primera vista o piedras de
papel pueblan el espacio de Paperki, pequeña fábrica
artesanal y no contaminante, situada en Hondarribia, donde se puede
descubrir un universo de papel
lgodón
y lino reciclados -el lino crece en muchas partes de Euskadi- son
los materiales, junto con el cáñamo, que usan para
su producción más habitual, siguiendo el proceso occidental
de manufactura de papel; aunque su verdadera pasión es la
investigación con fibras de otras plantas, cortezas de arbusto...¿Alguien
se imagina haciendo collages sobre alcachofas?, incluso usan los
pistilos de plantas pantanosas como juncos y moreras para este fin,
y algunos vegetales los siembran y recolectan en el campo que rodea
al taller.
Diseños
creativos
A ellos siempre les habían interesado papeles diferentes
a los industriales -hindúes, nepalíes- y partiendo
de sus respectivos campos -Jose es ingeniero químico y diseñador
industrial y Kiki es diseñadora gráfica especialista
en textiles-, decidieron crear Paperki. En esta pequeña
fábrica no contaminante producen tres categorías diferentes
de papel: dependiendo de las materias celulósicas de cada
planta, que hacen que un papel sea resistente y bello.
Cada uso requiero un papel. Dentro de su producción
normal, las cartas de menú rústicas son encargos habituales,
también trabajan folletería y tarjetas; realizan facsímiles
de documentos antiguos, y hasta un libro de poemas de García
Lorca lleva su sello. Investigando con fibras diferentes crean
los papeles expresivos, que permiten fusiones de color, cambios
de textura y grosor, sonpara la experimentación de artistas.
Escultores vascos como Néstor Basterretxea en su Serie
de brujas o Eduardo Chillida han trabajado con papeles
del taller especialmente diseñados para su obra.
En
Paperki los dibujos son de papel, no sobre el papel. Esta es la
tercera faceta del taller, la creación de un papel que es
en sí expresión artística, surgiendo obras
plásticas que dan mucho juego. Las posibilidades de aplicación
son infinitas: transparencias, agujeros, gasas, redes..., todos
habitan la misma superficie donde las combinaciones y los efectos
de volúmenes dependen del comportamiento de cada fibra, que
se contrae o destensa a placer. La longitud de las fibras, el grado
de hidratación y el distinto gramaje condicionan la forma,
y es posible unir diferentes texturas, incluso fundir, en la misma
hoja, dos fibras que han sido procesadas de distinta manera.
Efectos especiales
Así, la función del papel como soporte para pintura
-acuarela, óleo, gouache- y artes gráficas -serigrafía,
litografía o calcografía- deja paso al objeto artístico
en sí; paisajes de horizontes marinos, figuras ocultas a
primera vista, piedras de papel, pendientes... todos ellos pueblan
el espacio de Paperki. Difícil de adivinar el rostro invisible
que se revela a la luz surgiendo de la hoja en blanco, técnica
conocida como mancha al agua. El último objeto imposible
del taller es un biombo de papel protegido por cristales, un invento
fabuloso que ya quisiera tener una de cabecera de cama. Desde sólidas
estructuras a transparentes cuadros, el lenguaje del papel en manos
de Josefo y Kiki tiene muchos matices. Una de sus creaciones más
celebradas fueron los libros sensoriales, libros para palpar donde
el papel, marcado con incisiones, evoca todo tipo de sensaciones.
Además de desarrollar técnicas propias
en el uso de la pulpa de papel para conseguir claroscuros o papeles
en tres dimensiones, Josefo y Kiki han inventado herramientas que
les facilitan la labor como dosificadores de pulpa y espreadoras.
De soporte a protagonista, el papel de vegetales de Paperki es un
placer que, junto a la calidez de sus responsables, animo a todos/as
a palpar, comprobar y disfrutar.
Texto y fotos: Estela Ilarraz
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Proceso de elaboración
Para que las fibras vegetales se conviertan en pulpa
se hace el refino, que consiste en hidratar, recortar y frotar las
fibras que, bien batidas, se unen entre sí. El tiempo de
refino depende de cómo queramos que resulte el papel: esponjoso,
crispado, o simplemente liso si se refina mucho. Esto se puede realizar
de dos formas: en una pila holandesa o golpeando con un mazo de
madera sobre una madera de base, con lo que consiguen fibras más
largas y maceradas. En Paperki la pila procesa grandes cantidades
de largas fibras vegetales que darán lugar a una fina capa:
el papel.
Para
que la pulpa sea hoja de papel, introducen el tradicional marco
de madera con tamiz en una tina donde está la pulpa mezclada
con agua limpia, libre de ácidos e iones metálicos.
Las proporciones de la mezcla dependen del gramaje -peso- que se
quiera obtener, que dará un papel de mayor o menor grosor.
Así, mientras el agua drena a través del tamiz se
forma la hoja de papel. Esta se transfiere a un paño donde
se pueda manipular, imprimiéndole texturas y relieves diferentes,
haciendo figuras. Luego se introduce en la prensa. Cuando la hoja
está terminada, se cuelga en una habitación de secado
con aire caliente y condensador de humedad a 30º. Por último,
encolan el papel en frío con productos que no le permiten
amarillear, y añaden magnesio o carbonato de calcio para
protegerlo de la acidez de las fibras y del SO2 y NO2 del ambiente.
Además, utilizan pigmentos que garantizan solidez a la luz.
Opcionalmente, pueden emplearse bactericidas para evitar el ataque
de hongos y bacterias.
E.I.
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ECOALDEAS
comunidades sostenibles
de hoy
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Las Ecoaldeas son lugares creados para
compartir una forma de vida respetuosa con el entorno y son también
espacios de convivencia que propician el desarrollo humano de las
personas que los habitan. El ideal que conduce a los integrantes
de las ecoaldeas a materializar sus proyectos se sustenta en un
funcionamiento sinérgico y cooperativo que integre las actividades
humanas en el medio natural sin explotarlo ni dañarlo. Un
intento tan antiguo como el ser humano, que siempre tuvo que buscar
el apoyo del grupo para sobrevivir, y protegiendo el entorno, pues
al ser su única fuente de recursos no podía agotarse.
Actualmente todavía existen comunidades tradicionales que
sirven de ejemplo para los modernos pueblos ecológicos.
e
busca la autosuficiencia, la autogestión y la sostenibilidad
además de propiciar adecuadas normas de convivencia, siendo
las relaciones personales la piedra angular de estos proyectos idealistas,
de los que existen ejemplos en los cinco continentes. A las comunas
de los años 70 les han sucedido las aldeas o pueblos ecológicos
actuales, donde predominan las casas individuales o familiares y
los espacios comunes donde reunirse, compartir tareas y celebrar
la vida.
Desde
la década de los sesenta se produce un progresivo despoblamiento
de las áreas rurales hacia la ciudad. En paralelo, y sobre
todo desde principios de los setenta -como respuesta a la crisis
global energética, ecológica y de valores sociales
y humanos- se inicia un movimiento alternativo de retorno al campo
que pretende una forma de vida más tranquila y en contacto
con la naturaleza. Opción que implica un cambio de mentalidad,
donde la base de la convivencia es la búsqueda del equilibrio
personal y un eje coherente de actuación en lo básico:
agricultura y ganadería biológicas, bioconstrucción,
utilización de energías renovables, practicar un consumo
consciente y responsable, cooperar dentro de una economía
solidaria... Como modelo de diseño se ha popularizado la
Permacultura, que se comienza a practicar en fincas individuales
desde un planteamiento integral y sinérgico, buscando la
autogestión, la autosuficiencia, la recuperación de
zonas degradadas, la conservación de los recursos y la no
contaminación.
Comunidades Intencionales
Los 80 son años donde numerosos asentamientos
humanos integrados fructifican en
todo el mundo y, como consecuencia de la posterior disolución
de muchos de estos proyectos, se produce una evolución en
los planteamientos. Es en los años 90 cuando cuajan las comunidades
intencionales, ecoaldeas o ecobarrios. Se trata de una transformación
cultural profunda, gestada desde la crisis global, que pretende
un nuevo orden natural sobre la tierra. La sostenibilidad es el
principio sobre el que se asientan estas nuevas ecosociedades, algo
que implica el consumo consciente y la reducción del gasto
energético así como la intencionalidad de que el beneficio
no sea individual sino colectivo y del medioambiente.
La nueva cultura se impulsa en estas comunidades
sostenibles o pueblos de elevada conciencia ecológica, que
sólo existen si se comparte, donde los alimentos son ecológicos,
se construye a conciencia y se recuperan métodos locales,
se consume lo cercano, se usan materiales de la zona y recursos
del lugar. La pérdida de calidad de vida estimula a buscarla,
a querer vivir mejor personal, social, espiritual y sosteniblemente.
Consecuentemente, los retos a los que habrán
de enfrentarse estos grupos pasan por la creación de sistemas
biológicos en áreas como la canalización de
las aguas residuales, los alimentos y los animales, y la edificación
de espacios en base a criterios de bioconstrucción y respeto
al medioambiente.
La Cooperación,
base del crecimiento
La comunidad es la concreción humana de
pertenencia al medio y el equilibrio con él. Para compartir
se debe partir de una filosofía clara o intención
que será la argamasa que facilitará a la comunidad
crecer unida y prosperar. Para conseguirlo, hay que plantearse con
quién se quiere compartir los ideales y debe de existir un
anhelo de transcendencia; pues pasar de la individualidad al grupo
implica transpersonalizarse. Entonces la propia dinámica
armoniosa grupal facilitará materializar proyectos inalcanzables
desde la individualidad. Para que el grupo se consolide, es necesario
compartir experiencias, establecer métodos de decisión
colectiva, forjar expectativas comunes, llegar a tácticas,
estrategias y acuerdos, idear métodos de resolución
de conflictos, mantener relaciones con el exterior y mejor si existe
un medio de comunicación que informe de lo que sucede. Las
personas han de realizar un cambio interno para elevar su autoestima
y así tolerar a los otros, ser generosos, escuchar y hablar
desde el corazón, ser perseverantes y pacientes, tener seguridad
y confianza en el proyecto , esperanza y optimismo, usar el amor
contra el miedo y anhelar la bondad compartida.
Crear una ecoaldea supone vivir un tipo de vida
en armonía con la naturaleza que, al alejarse de los valores
sociales imperantes, supone un ejemplo demostrativo de que se puede
vivir el ideal. Implica ser osado, ya que se va a recorrer un camino
poco transitado, poseer una visión clara y compartida de
lo que se quiere, lo que exige la puesta en común y la búsqueda
del acuerdo, descansando las soluciones en los valores e intuiciones
del grupo. Compartir esperanzas y resolver en común consolida
las relaciones personales y afianza el proyecto, despertando la
confianza y la apertura de uno hacia los demás.
Organización y sostenibilidad
Según el modelo de algunas Ecovillas que
funcionan desde hace 20 años, como Maleny en Australia o
The Farm en U.S.A., organizarse bien supone planificar los objetivos
en un mapa de actividades que recoja la manera de realizar la tarea:
pasos a dar, cómo hacerlo y cuando. Luego queda compartir
la experiencia para aprender unificando la razón y la intuición.
Este mapa de actividades tendrá
en cuenta el biosistema integrado, el entorno construido, el sistema
económico, las decisiones y la unión del grupo, y
será flexible y visual. No se debe olvidar la administración
y la parte financiera, que bien resuelta nos permitirá vivir
aquello que deseamos, logrando la autosuficiencia y la creación
de puestos de trabajo. Incluso ingeniar bancos alternativos de la
ecoaldea, que puedan prestar dinero a los miembros para comprar
tierras, construir casas o emprender nuevos proyectos. Una ecoaldea
debe encontrar seguridad económica, diseñando las
posibilidades del lugar y del grupo para poner en marcha diversos
negocios que abastezcan a la comunidad. Proyectos económicamente
viables, respetuosos con el entorno y que proporcionen a los habitantes
un puesto de trabajo. Estimular la reinversión del dinero
en el proyecto común y dar lugar a procesos grupales, es
un objetivo prioritario.
Dentro de la colectividad habrá de existir
conciencia de integridad ecológica, lo que implica vivir
en armonía con los sistemas naturales, transformando los
residuos y usando los recursos ambientales para cubrir necesidades.
Quien decide integrarse en una ecoaldea, lo hace con el aliciente
de disfrutar de mayor calidad de vida en contacto con el silencio
y la salubridad de la naturaleza. En el grupo, y dentro de este
individualmente, cada uno ha de hacerse responsable de sus decisiones
y ha de comprometerse con su propio crecimiento personal y camino
evolutivo. La visión ha de ser compartida y existir igualdad
de oportunidades. Hay que fomentar el sentido de comunidad, los
procesos participativos no jerárquicos, democráticos
y abiertos. Y la colaboración con otras comunidades, siendo
también solidarios con otros proyectos.
Mar Lana
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| Ecovilla
de MALENY (Australia) |
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a
Ecovilla de Maleny está situada en Queensland (Australia)
y fue fundada en los años ´70 por un grupo de 6 personas
gracias a que en aquella época este núcleo rural estaba
casi abandonado y la tierra era barata. La primera necesidad que
el grupo quiso cubrir fue el suministro de alimentos integrales.
Entonces crearon una cooperativa de productos ecológicos
que en el año 1978 no sólo abastecía al grupo
sino que con los excedentes se abrió una pequeña tienda.
Actualmente la cooperativa tiene 600 miembros y 60 productores.
En el año 1983, influidos por la Permacultura,
deciden crear sus propias instituciones financieras y en 1984 fundan
la Institución Crediticia Maleny, que se encuentra
en el centro de la Ecovilla y sirve a 3.000 miembros concediendo
préstamos para adquirir tierras, casas, pequeños negocios
que
han reinvertido en la comunidad. También en Maleny se utiliza
el LETS, estrategia económica alternativa que permite comerciar
sin dinero y recupera el concepto de que la riqueza de la comunidad
reside en sus bienes y servicios, no en su dinero. En 1991, dos
mujeres de la comunidad fueron elegidas para el Ayuntamiento, con
lo que se impulsó la participación local y crearon
la Fuerza Rural Especial, compuesta por 180 miembros que
velan por que se haga un uso sostenible de la tierra en beneficio
de toda la ciudad, no sólo de la comunidad rural. En 1994
abrieron el Club de la Cooperativa, lugar donde comer, realizar
conciertos en vivo, fiestas y compartir experiencias. Finalmente
se ha constituido una Fundación que permite comprar tierras
y un Centro de Aprendizaje y Formación.
Gracias a que sabían lo que querían
y cómo realizarlo, que sus intereses respondían a
una necesidad de compartir con otros y de asumir responsabilidades,
han conseguido vivir en armonía y realizar un proyecto donde
prima la calidad de vida, la integración en la naturaleza
y la visión global compartida.
M.L.
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Red Global de Ecoaldeas Europa
Ginsterwerg, 5
D-31595 Steyeberg - Germany
Tel. 49 5764 93040
Fax 49 5764 2368
www.gaia.org
e-mail: evelebengarten@gaia.org
Tel: 96 - 356 39 24
Algunas ecoaldeas o proyectos en España
Aldea Alternativa (Madrid)
Tel. 91 555 2886
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Ecohábitat (Valencia)
www.ctv.es/USERS/sam/ecohabitat
La Terra
c/ Jaume Mercade, 4
43800 Valls - Tarragona
Matavenero (León)
Tel. 987 69 36 12
El Hayal (Cantabria)
Tel. 942 74 84 46
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