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Al pensar
en la naturaleza salvaje del norte de la península, casi
siempre asociamos la imagen a frondosos y húmedos bosques
de un rabioso verde primaveral y un rojizo tardiu (otoño
en Cantabria), recorridos por especies tan atrayentes para el hombre
como son el Urogallo, el Oso y el Lobo. Estos frescos bosques son
los Hayedos, que se distribuyen desde Rusia hasta las umbrías
del Sistema Ibérico.
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la Cordillera Cantábrica las hayas se sitúan preferentemente
orientadas hacia el norte, ya que en estas zonas la insolación
y, por tanto, la evaporación es menor, aumentando la humedad
y permitiendo a los hayedos disponer de mayores cantidades de agua.
Aunque también es cierto que, debido a la gran cantidad de
microclimas presentes en nuestros valles, gracias a la presencia
de nieblas casi permanentes, las hayas descienden en muchas ocasiones
hasta casi el nivel del mar.
El Haya es un árbol
que puede llegar a medir hasta 35 metros, con hojas alternas entre
ovadas y elípticas de bordes ondulados y 7 u 8 nervaduras
paralelas. En sus bordes y parte inferior las hojas presentan, sobremanera
después de brotar, unos pelillos sedosos. Los frutos, que
se denominan hayucos, maduran a final del verano y principios del
otoño y constituyen en esta época uno de los recursos
tróficos más importantes de los bosques cantábricos.
Osos, jabalíes, lirones y multitud de pequeños roedores
se preparan para pasar los fríos inviernos. La riqueza en
nutrientes de este fruto es tal que su capacidad nutritiva da nombre
a toda la familia de las fagáceas, ya que los griegos (grandes
aficionados al pote asturiano) denominaron al haya como phagos en
relación a su antiguo aprovechamiento como alimento que llega
a contener hasta un 43% de aceite.
Los bosques planocaducifolios
que forman los hayedos son prácticamente impenetrables para
la luz. Sus ramas -que crecen de forma radial y paralelas al suelo-,
junto con sus hojas alternas producen una casi total sombra en el
suelo. Lo que convierte a estas formaciones arbóreas en masas
dominadas casi únicamente por el haya. Aun así, crecen
de forma aislada otras especies que aprovechan condiciones más
favorables en claros o lindes como tejos, abedules, robles albares,
mostajos, avellanos, escobas y brezos.
La madera del haya es muy
apreciada en los hogares de nuestros pueblos por su gran poder calorífico,
así como para mangos de aperos de labranza, cedazos, carretillas,
toneles, baldas, tambores y panderetas.
Aparte de las especies faunísticas
que hemos citado anteriormente, en los haye-dos tenemos que destacar
la presencia de gran variedad de especímenes: martas, corzos,
gatos monteses y aves forestales como mitos, agateadores norteños,
trepadores azules, carboneros palustres, pitos negros, azores y
águilas calzadas.
Manuel Bahillo, naturalista
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Noticias
de la Naturaleza
De
excursión
El otoño abre multitud de excusas para disfrutar del
monte. Los días aún largos y las temperaturas
todavía no muy bajas nos permiten realizar gratas excursiones
sin los incómodos calores del verano o los abrigados
días del invierno. Nuestra campiña y bosques
se nos presentan con una gran claridad, limpios de calimas
y nieblas, permitiendo una mayor visibilidad. Además,
la vegetación se viste de colores ocres y suaves rojos,
preludio de la cercana caída de la hoja en nuestros
árboles caducos. Por si fuera pequeña la excusa,
aún existen una gran variedad de justificaciones para
disfrutar de nuestra tierra cantábrica. Así,
los amantes de los pájaros pueden contemplar el bonito
paso costero de miles de aves marinas y desde los cabos más
salientes observar multitud de alcatraces, pardelas, araos
y alcas, págalos, etc... También los micólogos
tienen en esta época su edad dorada al plagarse, si
es buen año, el monte de multitud de setas con especies
tan apreciadas como níscalos, champiñones silvestres,
bolas de nieve y un largo etc.
Es buena época para plantearte
colaborar con las organizaciones de defensa ambiental, ayudando
a surtir a los viveros de la semilla necesaria para abastecer
sus posteriores repoblaciones. Organizaciones como ARCA
en Cantabria (942 336052) realizan salidas en busca de bellotas,
hayucos, mostajos, etc. con la inmejorable intención
de regenerar nuestras masas arbóreas.
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ACAMPAR EN LA CIUDAD
Casi todos los lectores de La Osa hemos tenido
la suerte de recorrer en verano nuestros montes y playas acampando
en zonas de gran belleza natural que nos permitían disfrutar
de un medio natural poco degradado. Pero pocos son los que han plantado
alguna vez su tienda en medio de la ciudad con una intención
tan loable como es conservar y proteger el litoral. Durante tres
días, del 25 al 27 de septiembre, los voluntarios de varias
organizaciones de defensa ambiental coordinados por ARCA durmieron
en medio del Paseo Pereda, en plena capital cántabra, para
exigir al Gobierno de Cantabria la inmediata realización
de un Plan de Protección del Litoral.
Son muchos, por desgracia, los ejemplos de construcciones
que degradan los primeros metros de costa como la macrourbanización
de 600 viviendas con campo de golf en San Vicente de la Barquera,
la construcción en la playa de la Arena y en Ajo, la destrucción
de las praderías de Liencres, etc. En definitiva, la situación
en esta región se puede calificar de alarmante, saqueando el
litoral e hipotecando así el desarrollo del importante sector
turístico, basado precisamente en la belleza de sus paisajes.
Manuel Bahillo, naturalista.
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