EL HAYA (Fagus sylvatica)
Arboles de la Cordillera Cantábrica (6)

Al pensar en la naturaleza salvaje del norte de la península, casi siempre asociamos la imagen a frondosos y húmedos bosques de un rabioso verde primaveral y un rojizo tardiu (otoño en Cantabria), recorridos por especies tan atrayentes para el hombre como son el Urogallo, el Oso y el Lobo. Estos frescos bosques son los Hayedos, que se distribuyen desde Rusia hasta las umbrías del Sistema Ibérico.

n la Cordillera Cantábrica las hayas se sitúan preferentemente orientadas hacia el norte, ya que en estas zonas la insolación y, por tanto, la evaporación es menor, aumentando la humedad y permitiendo a los hayedos disponer de mayores cantidades de agua. Aunque también es cierto que, debido a la gran cantidad de microclimas presentes en nuestros valles, gracias a la presencia de nieblas casi permanentes, las hayas descienden en muchas ocasiones hasta casi el nivel del mar.

El Haya es un árbol que puede llegar a medir hasta 35 metros, con hojas alternas entre ovadas y elípticas de bordes ondulados y 7 u 8 nervaduras paralelas. En sus bordes y parte inferior las hojas presentan, sobremanera después de brotar, unos pelillos sedosos. Los frutos, que se denominan hayucos, maduran a final del verano y principios del otoño y constituyen en esta época uno de los recursos tróficos más importantes de los bosques cantábricos. Osos, jabalíes, lirones y multitud de pequeños roedores se preparan para pasar los fríos inviernos. La riqueza en nutrientes de este fruto es tal que su capacidad nutritiva da nombre a toda la familia de las fagáceas, ya que los griegos (grandes aficionados al pote asturiano) denominaron al haya como phagos en relación a su antiguo aprovechamiento como alimento que llega a contener hasta un 43% de aceite.

Los bosques planocaducifolios que forman los hayedos son prácticamente impenetrables para la luz. Sus ramas -que crecen de forma radial y paralelas al suelo-, junto con sus hojas alternas producen una casi total sombra en el suelo. Lo que convierte a estas formaciones arbóreas en masas dominadas casi únicamente por el haya. Aun así, crecen de forma aislada otras especies que aprovechan condiciones más favorables en claros o lindes como tejos, abedules, robles albares, mostajos, avellanos, escobas y brezos.

La madera del haya es muy apreciada en los hogares de nuestros pueblos por su gran poder calorífico, así como para mangos de aperos de labranza, cedazos, carretillas, toneles, baldas, tambores y panderetas.

Aparte de las especies faunísticas que hemos citado anteriormente, en los haye-dos tenemos que destacar la presencia de gran variedad de especímenes: martas, corzos, gatos monteses y aves forestales como mitos, agateadores norteños, trepadores azules, carboneros palustres, pitos negros, azores y águilas calzadas.

Manuel Bahillo, naturalista

Noticias de la Naturaleza

De excursión
El otoño abre multitud de excusas para disfrutar del monte. Los días aún largos y las temperaturas todavía no muy bajas nos permiten realizar gratas excursiones sin los incómodos calores del verano o los abrigados días del invierno. Nuestra campiña y bosques se nos presentan con una gran claridad, limpios de calimas y nieblas, permitiendo una mayor visibilidad. Además, la vegetación se viste de colores ocres y suaves rojos, preludio de la cercana caída de la hoja en nuestros árboles caducos. Por si fuera pequeña la excusa, aún existen una gran variedad de justificaciones para disfrutar de nuestra tierra cantábrica. Así, los amantes de los pájaros pueden contemplar el bonito paso costero de miles de aves marinas y desde los cabos más salientes observar multitud de alcatraces, pardelas, araos y alcas, págalos, etc... También los micólogos tienen en esta época su edad dorada al plagarse, si es buen año, el monte de multitud de setas con especies tan apreciadas como níscalos, champiñones silvestres, bolas de nieve y un largo etc.

Es buena época para plantearte colaborar con las organizaciones de defensa ambiental, ayudando a surtir a los viveros de la semilla necesaria para abastecer sus posteriores repoblaciones. Organizaciones como ARCA en Cantabria (942 336052) realizan salidas en busca de bellotas, hayucos, mostajos, etc. con la inmejorable intención de regenerar nuestras masas arbóreas.


ACAMPAR EN LA CIUDAD

Casi todos los lectores de La Osa hemos tenido la suerte de recorrer en verano nuestros montes y playas acampando en zonas de gran belleza natural que nos permitían disfrutar de un medio natural poco degradado. Pero pocos son los que han plantado alguna vez su tienda en medio de la ciudad con una intención tan loable como es conservar y proteger el litoral. Durante tres días, del 25 al 27 de septiembre, los voluntarios de varias organizaciones de defensa ambiental coordinados por ARCA durmieron en medio del Paseo Pereda, en plena capital cántabra, para exigir al Gobierno de Cantabria la inmediata realización de un Plan de Protección del Litoral.

Son muchos, por desgracia, los ejemplos de construcciones que degradan los primeros metros de costa como la macrourbanización de 600 viviendas con campo de golf en San Vicente de la Barquera, la construcción en la playa de la Arena y en Ajo, la destrucción de las praderías de Liencres, etc. En definitiva, la situación en esta región se puede calificar de alarmante, saqueando el litoral e hipotecando así el desarrollo del importante sector turístico, basado precisamente en la belleza de sus paisajes.

Manuel Bahillo, naturalista.


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