LA TXALAPARTA
El sonido ancestral de la madera
La txalaparta es un instrumento de música
vasco muy antiguo cuya aparición no se ha podido cifrar,
pero que conocemos gracias a que su arte se ha transmitido durante
generaciones de padres a hijos. Su sonido rítmico se asocia
con los latidos del corazón o con el trotar del caballo.
Y sus elementos, madera golpeando madera, proporcionan una sonoridad
natural y primitiva que vibra hasta el centro del cuerpo. Es un
instrumento de música único, cuyo rastro no se encuentra
en otras culturas geográficamente próximas a la
vasca, que hoy resuena más allá de sus antiguas
fronteras.
a
txalaparta se compone de varias tablas de madera (en la txalaparta
clásica sólo se tocaba una), dispuestas a la altura
de la cadera sobre soportes pueden ser desde cestos hasta
caballetes- y que son golpeadas con dos palos de madera por una
pareja de txalapartaris. Las tablas en general son de aliso, fresno,
castaño y otras maderas autóctonas, aunque también
se utilizan actualmente maderas tropicales dada su diferente sonoridad.
A través de viejos txalapartaris se ha
conocido la relación del instrumento con la elaboración
de la sidra. En ocasiones, según se golpeaba la manzana
en el tolare especie de molino para sacar el zumo a la manzana-
se localizaba el tablón que mejor sonaba, que luego serviría
para tocar.
La txalaparta ha estado siempre muy unida a la
fiesta tras el trabajo, como la mencionada elaboración
de la sidra o la obtención de cal. Además, siempre
se relacionó con la noche, durante la cual se prolongaba
la fiesta y donde el sonido de la txalaparta se acompañaba
con gritos y saltos.
Instrumento
único
La particularidad de la txalaparta reside,
según Juan Mari Beltrán, uno de los precursores
actuales de este instrumento, en que no conocemos un instrumento
similar en los alrededores ni por sus características físicas
ni por su forma de hacer música. No quiero decir que no
hayan existido en otros lugares, sino que posiblemente aquí
se ha conservado lo que en otros sitios se ha perdido.
Beltrán piensa que «lo más
importante de la txalaparta no es su aspecto sino lo que suena,
su forma de hacer música. Recuerdo cómo en una ocasión
en las fiestas de Usurbil, hacia las cuatro de la madrugada tuvimos
ganas de tocar, y claro, en la plaza no había txalaparta
ni posibilidades de montarla. Pero sí había bidones
para echar la basura y cascos de botellas. Cogiendo un par cada
uno y golpeando los bidones en diferentes partes para conseguir
sonidos diferentes, tocamos la txalaparta, y digo la txalaparta,
aunque no tuviéramos ni tablón ni palos, porque
tocamos al modo de la txalaparta. En cambio a mucha gente que
dice que toca la txalaparta se le podía decir que lo que
tocan es el tablón, porque no utilizan eso que tiene de
propio la txalaparta: la estructura rítmica de la txalaparta
exige que los dos intérpretes se necesiten mutuamente y
a su vez estén en continua lucha creando tensión».
Diálogo
entre dos
Cada txalapartari tiene un espacio de tiempo para golpear la tabla.
Ese espacio se agranda o empequeñece según la velocidad
a la que se toca. En la txalaparta clásica, uno de los
músicos tocaba el llamado ttakun, que es el toque más
conocido y consiste en dar dos golpes seguidos, el segundo con
más fuerza, mientras que el otro tocaba uno herrena-,
ttakun o ninguno hutsune-, jugando a deshacer y rehacer
el equilibrio mantenido por el primero. En este equilibrar a veces
intervenía el txalapartari que sólo tocaba el ttakun
aumentando la velocidad del ritmo, hasta que se llegaba a un punto
en el que no se podía ir más rápido y por
ende, concluía la sesión.
En la txalaparta actual, ninguno de los txalapartaris mantiene
el ttakun y cada uno utiliza su espacio de tiempo para improvisar
el número de golpes y la cadencia precisa. La utilización
de más de una tabla, buscando nuevas combinaciones de sonidos,
junto con la introducción de materiales como la piedra
y el granito son otras de las innovaciones de la txalaparta contemporánea.
Un
arte que resurge
Existen en las antípodas, en las islas de la Polinesia,
instrumentos parecidos al de la txalaparta. Allí se utilizan
bastones para moler arroz golpeándolo en agujeros de troncos
caídos. Hay, por tanto, elementos comunes, como música
rítmica, golpeo vertical, en muchos casos sobre madera,
relación instrumento-trabajo y con la fiesta derivada del
mismo trabajo. «Pero hablamos de un instrumento de música»,
añade Beltran, «y en lo musical sí podemos
decir que la similitud es muy pequeña».
Las vibraciones de la madera golpeando la madera
resuenan cada vez más lejos y aunque este arte ancestral
ha estado a punto de desaparecer, hoy en día resurge gracias
al interés creciente de los jóvenes txalapartaris
y al disfrute del pueblo que lo reclama en sus fiestas, conciertos
y espectáculos de música popular. Su influencia
ya ha roto fronteras culturales y su sonido hueco ha sido adoptado
por compositores de música universal y con raíz
donde la txalaparta se muestra primitiva, rotunda y telúrica.
Imanol García