APICULTURA ECOLOGICA:
el arte de colaborar con
nuestras
amigas las abejas

En una sociedad en la que existen cada vez más consumidores preocupados por una alimentación sana y natural, podemos elegir toda clase de productos de agricultura ecológica entre los que se encuentran, cómo no, la miel y los distintos productos de la colmena (polen, jalea real, propóleos, etc.). En este artículo trataremos de fundamentar las razones que nos llevan a los productores ecológicos a hacer las cosas de u

i analizamos algunas de las mieles más publicitadas y conocidas, vemos que su valor nutritivo y medicinal es tan escaso que podríamos considerarlas como edulcorantes artificiales. Además hay que tener en cuenta los residuos de sustancias químicas con las que han sido tratados a lo largo de la producción. También cabría analizar los métodos de elaboración, donde las mieles industriales son tratadas a una temperatura que destruye la mayoría de las propiedades naturales de un producto tan delicado, por lo que se hace imprescindible una elaboración y envasado lo más artesano posible.

Otro dato a considerar es que la gran mayoría de las mieles industriales provienen de países en vías de desarrollo (China, Argentina,...), en los que se utiliza mano de obra poco cualificada y cuya explotación no entra, cuando menos, en unos criterios de comercio justo y solidario.

Qué diferencia a una miel ecológica?

Ahora, y pudiendo ya comparar los métodos de producción de una y otras mieles, vamos a ver cómo se pueden hacer las cosas para respetar la calidad natural de este preciado producto, tan bueno para la salud y tan beneficioso para el medio ambiente.

Antes de empezar, nos parece importante dar un dato que en sí mismo es una garantía de la calidad final de un producto como éste. Todas las colmenas de producción ecológica han de estar al menos a 3 km. de los núcleos de población, actividades industriales y explotaciones agrícolas. Si consideramos que el radio de trabajo de las abejas nunca excede esta distancia, tenemos ya la seguridad de que la miel recolectada está a salvo de cualquier tipo de contaminación ambiental o de pesticidas.

Y pasando a la producción, en primer lugar hay que decir que la apicultura ecológica está reñida con la sobreexplotación de nuesras abejas. La mayoría de las enfermedades producidas por hongos o bacterias sobrevienen cuando sacamos prácticamente toda la miel de nuestras colmenas, dejando sus reservas tan escasas que nos vemos en la necesidad de alimentarnos posteriormente con productos de dudoso origen como el candi (desechos de miel industrial) o jarabe de azúcar blanco. Esta especulación no debe hacerse en las producciones de miel ecológica, pues además de estar técnicamente prohibido por los CRAE (Consejos Reguladores de Agricultura Ecológica), dejan a nuestras colonias en una situación muy desfavorable que puede desencadenar distintos tipos de enfermedades. Es pues necesario para esta práctica sacrificar una parte de nuestro beneficio para mantener lejos a los antibióticos o las sulfamidas, también prohibidos en este tipo de producción.

Métodos naturales
De aquí pasamos a hablar del gran enemigo de nuestras abejas, un ácaro llamado Varroa Jacobsoni que apareció en España hace ya unos años. La Varroosis es una infestación que requiere de tratamientos sistemáticos y anuales, pues no se ha descubierto nada que la aleje de nuestras colmenas indefinidamente. Año tras año nos vemos en la necesidad de combatirla, y aquí es donde existe otra gran diferencia con la apicultura convencional. Mientras que lo normal es tratarla con productos químicos de síntesis (fluvalinato, Amitraz, etc.), los apicultores ecológicos utilizamos distintos productos naturales que no alteran la calidad de la miel y que por supuesto no dejan los temidos residuos propios del sistema tradicional. Algunas de las posibilidades son los aceites esenciales (el más utilizado es el del tomillo, Timol), los acaricidas de origen vegetal (Rotenona), o distintos componentes naturales de la miel (ácido láctico, fórmico) que por lo tanto no la perjudican.

Podríamos extendernos, si hubiese lugar, a otras prácticas de la apicultura ecológica, como la calidad de la cera o los métodos de prevención en el correcto manejo de un arte en el que debemos considerar a las abejas como nuestras colaboradoras y no como insectos productivos a nuestro servicio.

Así pues, los que estén interesados en degustar este antiguo manjar con toda confianza deben buscar el distintivo de calidad que garantiza los métodos de producción ecológica. Que ustedes lo disfruten...

Javier Alonso, apicultor.


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